Reconciliación

Hay tantas historias andando por las calles y en una sola se cuentan mil, sobre todo si está involucrado un protagonista universal, ese que está condicionando la vida de todos y que tiene más valor que el oro mismo, el tiempo. 

Es este el que en ocasiones está en contra de nuestros planes y proyectos, el tiempo y esos baches llamados eventualidades que llegan a cambiarlo todo. Enfrentas, superas, te adaptas y en ese proceso el tiempo igual corre, a veces parece que trae prisa porque marcha muy rápido el muy desgraciado y otras, pareciera ir tan lento que duele en las heridas, como si les echara sal con chile piquín dejando el ardor a flor de piel manchando de dolor el alma. Los eventos han dejado sus secuelas y la vida se adaptó a ellas generando nuevos rumbos que, aún con el pesar, es lo único de lo que te puedes aferrar.

Los años se van, paso a paso dejando a trás el tiempo justo para hacer y deshacer a tu libre antojo, comerte el mundo y disfrutarlo con un café pero cuando te quedas de frente con los años, resulta  que, como en el camino te fuiste encontrando baches, tormentas, infiernos que te hicieron desviar el camino y andar hacia donde no habías planeado y por nada es lo que habías deseado, entiendes que tus decisiones más importantes fueron circunstancuales.

Y sí, cuando das la vuelta al pasado duele ver todo lo que pudiste haber conseguido y no lograste, pero la gran ventaja que llega con los años, es la capacidad de discernir entre lo que fue y no pudo ser, la aceptación de que lo logrado ha sido bueno, en vivencia o en experiencia. Entonces, te reconcilias con el tiempo cuando entiendes que era la vida quien te la debía pues no te dio el chance de estar en el lugar correcto que te habría permitido cumplir tus sueños al pie de la letra. Cuando te das cuenta de eso, terminas por entender que la vida es lo que es y te ha abierto caminos que te han llevado a lograr nuevos sueños que te permitirán enterrar aquellos que no fueron y disfrutar el presente sin la venda del reproche, dejar el alma curar con un libre respiro de que ha valido totalmente la pena. 
María Antonieta Estévez L.

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